Incompetentes.

Madrid, 13 de enero de 2009.

 

 

  Llama la atención la tergiversación del lenguaje llevada a cabo por el sistema que nos oprime, pero esa tergiversación no es nueva en el tiempo.

  Desde siempre (y aunque a los intelectuales del sistema ese siempre tenga un horizonte no superior a los treinta años, hablo de un siempre con milenios a sus espaldas), los sofistas, hayan adoptado el nombre que se prefiera, han tergiversado el lenguaje con el único objetivo de llevar el agua a su molino.

  Tergiversación es la máxima del relativismo; relativismo es la máxima de los sofistas, y el relativismo es hoy todopoderoso, anulador del intelectualismo, predominante en todos los ámbitos: social, político, económico,
periodístico, educativo...

  La única razón de su existencia es la prepotencia, la anulación de la intelectualidad y la afirmación de la incompetencia basada en el número de adeptos, imponiendo que es la cantidad, y no la calidad, lo que determina la conveniencia de las cosas.

  Así, incompetentes detentan el poder político, dictando leyes que resultan profundamente lesivas al interés social y al interés humano; incompetentes detentan el poder económico hinchando artificialmente la economía y
endeudando, no ya a la sociedad actual, a la que han sumido en la deuda perpetua, sino a la sociedad de nuestros nietos, quienes cuando nazcan se encontrarán con una deuda que serán incapaces de saldar a lo largo de toda su vida; incompetentes detentan los puestos en la universidad, encargados principalmente de evitar que el conocimiento llegue a invadir las mentes de los oprimidos; incompetentes, finalmente, se encargan en los medios de comunicación social (o de manipulación social) de mantener en la inopia al conjunto de la
sociedad.

  Incompetentes... ¿o tal vez son otra cosa peor?. Porque, a la postre, resulta cuando menos curioso que esos incompetentes, basados en su incompetencia puedan desarrollar todos esos roles.

  Incompetentes, sí, lo van demostrando cada vez que abren la boca, pero incompetentes manipulados como marionetas por alguien que no es incompetente, sino directamente perverso y poderoso, quién manteniéndose debidamente oculto es capaz de mantener esas estructuras con el único objetivo de convertir a toda la sociedad en su esclavo. Incompetentes que reciben la patente de corso de “intelectuales” porque son capaces de ligar dos palabras seguidas, aunque la idea que pretendan defender resulte estúpida; incompetentes que sólo son
capaces de mantenerse en el machito con el apoyo absoluto de sus amos y con el único objetivo de callar la boca a aquellos que no son incompetentes y sí honestos.

  Se hace necesaria la audacia en quienes se encuentran al margen del sistema. La audacia, y no la colaboración, será la que acabará poniendo las cosas en su sitio antes de que los incompetentes acaben convirtiendo a toda la población en seres similares a ellos mismos: máquinas orgánicas al servicio del tirano.

Cesáreo Jarabo
www.pensamientohispanico.com 
 

 

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